Leptospirosis: una enfermedad a tener en cuenta

29 Abr 2025

¿Alguna vez te has preguntado a qué corresponde esa famosa vacuna L o L4 de la que vacunas a tus pequeñajos todos los años?

Se trata de la leptospirosis, una enfermedad causada por una bacteria llamada Leptospira. Nuestros peques pueden contagiarse de esta enfermedad al beber agua estancada contaminada por la orina de un animal infectado, o por el contacto de esta con heridas. Existen diferentes variedades de esta bacteria, y en función de la zona en la que vivas, serán más comunes unas u otras. 

Esta enfermedad es zoonótica, es decir, que puede transmitirse al ser humano, por lo que es muy importante que tu peque esté protegido contra ella, para evitar ser una fuente de contagio para ti. Además, se trata de una enfermedad que puede ser mortal, tanto para ellos como para los seres humanos. 

La mejor manera de proteger a tu peque es vacunándole. Como hemos comentado, cada zona presenta una variedad u otra de leptospira, por lo que la vacuna que le pongas a tu perro debe cubrir las más habituales de la zona. 

 Los síntomas más comunes de esta enfermedad suelen ser fiebre, gastroenteritis (a veces hemorrágica), color amarillento de la piel (ictericia), orina oscura, deshidratación, insuficiencia renal aguda…

Esta última es la más frecuente, los animales empiezan bebiendo y orinando más de lo normal, con dolor abdominal, vómitos… y puede evolucionar hasta que se detenga completamente la producción de orina y se produzca la muerte del paciente. 

También puede producirse fallo hepático, alteraciones musculares, o trastornos hemorrágicos (en los que veremos sangrado de las encías, machas en la piel, sangre en heces…). Estos últimos también pueden producir daños a nivel pulmonar. 

El diagnóstico de esta enfermedad se hace mediante una prueba serológica para detectar anticuerpos, y una PCR para detectar a la bacteria. 

Estas pruebas se hacen tras encontrar alteraciones compatibles con leptospirosis en una analítica sanguínea general. 

El paciente suele requerir hospitalización para recibir terapia de soporte (fluidoterapia, alimentación por sonda, gestión de náuseas…) y antibioterapia. El antibiótico utilizado es la doxiciclina. 

En algunos casos extremos puede ser necesario recurrir a la diálisis, pero es una técnica poco accesible en veterinaria, y que suele ser costosa para los propietarios. 

Una vez que el paciente se recupera, puede quedar con daño renal crónico, y necesitar monitorización durante el resto de su vida. 

Una vez más, es mejor prevenir que curar, por lo que te recomendamos que vacunes anualmente a tu pequeñajo y evites que beban de charcos, entren en contacto con agua estancada con heridas… 

O que, si no deseas vacunar, se haga una prueba para asegurarnos de que tu peque todavía tiene anticuerpos de protección! 

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